oscuridad, por J. D. Galíndez. 🌑


Cae la noche y junto a ella las luces de la ciudad.
Entro a mi habitación y la oscuridad me inunda por segunda vez. Dejo todo en su lugar, dejo caer mi ropa y me voy a la cama. La encuentro ocupada, pero no me detengo. Hago espacio y acto seguido me dejo llevar por el sueño. 
Me desespero porque se me dificulta respirar, trato de levantarme, pero algo me ata a la cama. Me oprime. Me esclaviza. 
La oscuridad es inminente, tanto que no sabía si tenía los ojos abiertos o cerrados. 
Me esfuerzo por deshacerme de lo que me ata a la cama, aún cuando todos los intentos son en vano. 
Ahora mi cama se convierte en un abismo en el que empiezo a caer, perdiendo todo el control de mi cuerpo. 
No puedo ver nada, no encuentro a quién pedirle ayuda y tampoco de dónde sostenerme. Quiero gritar, suplicar, pero sería como hacerlo a la nada. 
Los latidos de mi corazón empiezan a disminuir y la caída aún no finaliza. 
Un hálito de luz se filtra entre mis parpados y empiezo a llorar. El deseo de querer detener la caída me oprime el pecho. 
El pecho me empieza a arder al notar que la caída llegará a su fin. Sólo pienso en la fuerza del golpe y en si me dolerá. 
Recupero el control de mis acciones. 
¡Por favor!” Suplico sin importar si hay alguien escuchando o no. 
Al no recibir respuesta sólo cierro mis ojos con fuerza y me preparo para recibir el golpe. 
Uno, dos y tr… 
Y ahí estaba, sosteniendo mi mano mientras susurraba a mi oído que todo estaba bien, que sólo era una pesadilla.


Fotografía de José Luna.
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a mi madre, por Jav Galíndez


A mi madre
Mi eterno amor
Mi amor inolvidable. 

A ella por darme la vida y cuidarme
Por protegerme y porque gracias a ella soy feliz.

Solamente a ella, porque seguiría ahí
para mí
Aún cuando fallo, flaqueo y lloro.

Ella es la única merecedora de mi amor
Porque tengo la certeza que si caigo
Estaría para mi cuidado sin importar la razón.

Son muchos los sentimientos que trae a mi
solitaria alma.

Su amor es tan fiel que rompe
La distancia
El tiempo
Y la misma vida.

Te amo, madre
Te amo y daría la vida misma
Si de ella dependiera tu felicidad y estadía.


Photo by Bruno Nascimento on Unsplash

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tú y yo, por Jav Sáenz 🍂



entre tú y yo
hay miles de kilómetros.
kilómetros
que nunca se acortan,
que nunca se agotan.

entre tú y yo
hay centenares de historias que contar.
historias
que nunca han sido escritas,
que nunca ha sido contadas.

entre tú y yo
hay incontables vidas.
vidas
que van,
vidas
que vienen.

entre tú y yo
hay un cuento.
cuento
carente de letras,
carente de voz.

ese cuento
que pudo convertirse en leyenda
se ha quedado
sin escritor,
sin lector.

¿quién será el responsable de acabar con esta historia que lleva por nombre nosotros?
¿quién decidirá marcharse aún cuando no quiera?
¿quién dictará la sentencia aún cuando duela?


Entre tú y yo
hay una distancia.
Distancia que lleva por nombre: Calvario.
—Estoy cansado, verdugo.
Te suplico, pero no me oyes.
Y esa esa mi mayor condena.



Photo by Justin Little on Unsplash
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madre | Jav Sáenz



madre,

aún cuando no leas estas palabras, aún cuando desconoces de mis lamentos y pesares, te escribo.

estas letras van dirigidas a tu nombre porque cuando viene a mí la palabra "seguridad", tu aliento, tus caricias, tus palabras y tu acogedor pecho se manifiestan como una manta protectora.

estoy cansado, estoy sin fuerzas. me he quedado atrás sin ni siquiera comenzar la carrera.

madre, aquí me tienes de rodillas, llorando y temiendo del mañana.

quisiera estar sentado en tu regazo y que tus manos, desordenando mi cabello, me hagan sentir en casa. sentimiento extraño desde que no estoy contigo.

hoy, cuando no quiero continuar, quiero estar bajo tu protección celosa y dormir a tu lado con la esperanza que al despertar todo estará en su lugar.

aún así me gusta pensar que tu amor, rompedor de dimensiones, es el único analgésico a este dolor nacido de mis entrañas, de mi existir.

madre, hogar y seguridad, palabras que danzan a la par y manifiesto cuando siento que todo está mal.



Photo by Eye for Ebony on Unsplash

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me gustas, por J. D. Galíndez



Melancólico portador de ojos risueños, me gustas.

Sí. Me gustas. Me gustas como me suele gustar la lluvia luego de un caluroso día, la sombra luego de una larga caminata, la calma y tranquilidad de mi hogar luego de un tormentoso existir.

Me gustas así como me suele gustar el olor de los libros; acción que hago inconscientemente, pero que disfruto.

Me gustas como solía gustarme sentarme en las tardes a volar entre cuentos maravillosos, me gustas como solía gustarme sentarme en las noches a compartir aventuras y me gustas como me gustas ahora.

Me gustas como me gusta cuando danzas entre mis pensares, me gustas como me gusta cuando inspiras mis letras y se desprenden de ellas versos de amor, me gustas como me gusta cuando aún sin poder tocarte llegas a mí y puedo sentir ese calor que emanas.



Photo by Austin Chan on Unsplash
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Ven | J. D. Galíndez



    Ven, felino.
    Ven a mí y hazme doblegar,
    soy esclavo de tus deseos.

    Ven a mí,
    ven a mi vida
    como lo hace el sol poniente.

    Hazme sucumbir
    en el horror que escondes
    entre tus ojos acaramelados entrecerrados.

    Haz danzar tu eléctrica cola
    entre mis piernas,
    y una vez que las hayas cautivado y enamorado
    hazlas caer desde la cima
    sin piedad alguna.

    Desgarra la piel endurecida de mi alma
    con tus filosas garras.
    Exponme al juicio público,
    dejando mis pecados y virtudes
    sin velo alguno.

    Sé tú quien dicte mi sentencia,
    pero también
    sé tú quien blande la espada.

    Ahora ronroneas
    y me pierdo entre tan misteriosos sonidos.
    ¿Son palabras de amor o inquisidoras?
    Esperanzado trato de descifrarlo
    aún cuando la sentencia es segura.


Photo by Stephanie Harvey on Unsplash

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Florecer | J. D. Galíndez

A Maturín,
y a los que hacen vida conmigo aquí.

He germinado en tierras orientales.
He echado raíces.
He crecido junto a su calor pantanoso
y a pesar de sus lluvias indefinidas
he florecido.

Ahora comparto el jardín con otras hermosas flores;
rosas pasionales con grandes espinas
jazmines pálidos que perfuman nuestras noches
girasoles radiantes que iluminan nuestros días
tulipanes enamoradizos que entristecen al caer las estrellas.

No quiero que el otoño llegue
no quiero quedar entre hojas crujientes y pétalos caídos.
No quiero otra tierra.
No quiero otro jardín.
No quiero otras flores.

No me quiero ir.

Photo by Wellington Sanipe on Unsplash

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